Vi una película llamada AFTER LIFE y en ella se tocaba el tema de los recuerdos.
Más o menos viene a tratar de un grupo de personas que se dedican a entrevistar a un listado de gente de lo más cotidiana; los meten en una habitación y les van preguntando uno a uno con qué recuerdo se quedan de todos los que han ido acumulando a lo largo de sus vidas…, el más importante, el que más feliz les hacía. Conforme avanza la película uno se va dando cuenta de que todos están muertos y que la razón de buscar el recuerdo que más felicidad les causaba era para que los “entrevistadores” los pudieran recrear, escenificar, grabar en video, dárselos a sus propietarios y que, finalmente, éstos pasaran a la eternidad con la sensación tan buena de ese recuerdo y olvidar todos los demás.
En la película dicen que empezamos a generar recuerdos a partir de los cuatro años, que es raro que la gente recuerde cosas antes de esta edad (aunque yo conozco a gente que dice q lo hace...q se queda sola en casa, la abandonan o cosas por el estilo...) Chorradas a parte, no voy a contar aquí el recuerdo que yo habría elegido, tendría que pensarlo durante tres días (que es el tiempo que dejaban en la peli), y sería pensar demasiado, pero lo que sí quería remarcar es una frase que me encantó y que pronunció alguien que no pudo encontrar ese recuerdo hasta que descubre algo de un antiguo y olvidado amor:
“Busqué dentro de mí cualquier recuerdo de felicidad, pero no lo encontré. Con el tiempo aprendí que yo fui parte de la felicidad de alguien y que éste es el verdadero recuerdo que me hace feliz y con el que me quiero ir”
Bien por él…, bien por él y bien por todos los que piensen como otro de los personajes que se negó a quedarse con un sólo recuerdo…, no porque no pudiera o no recordara nada, sino porque no quiso. Yo tampoco quiero quedarme con uno, quiero atesorarlos todos, buenos y malos, seguir alimentándolos y pensar, con una sonrisa en los labios y aún sabiendo que atesoro momentos imborrables, que mi mejor recuerdo está aún por construir...